TIEMPOS DE
REFLEXION
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El valor del esfuerzo en la formación de la persona
Por Mª. Ángeles Pérez Montero y Francisco Javier Rodríguez Laguia
Hoy día oímos hablar mucho del esfuerzo, de la necesidad de esforzarse
para conseguir algo en la vida. Sin embargo, la sociedad del bienestar y el
consumo nos está vendiendo la idea contraria a la necesidad de esfuerzo.
Parece que la comodidad y el confort se pueden alcanzar sin trabajo e
incluso que estén reñidos con él. Esta idea supone un costo que afecta de forma
especial a los niños y jóvenes. Observamos que los niños presentan una
incapacidad alarmante (a nuestro juicio) para soportar esfuerzos. Incapacidad
que supone consecuencias muy negativas para la persona como sentimientos de
impotencia y conformismo; la no valoración de las cosas y, consecuentemente, la
incapacidad de disfrutar de ellas y falta de entusiasmo.
Estos factores pueden desembocar en conductas de riesgo como el consumo
de sustancias asociadas a la obtención de placer fácil o bien para poder
soportar el esfuerzo que supone la realización de determinadas actividades: ir
de marcha sin cansarse, comer sin engordar, etc.
Lo que pretendemos en este artículo es analizar someramente qué
entendemos por esfuerzo, cuáles son las variables humanas que están íntimamente
unidas al esfuerzo (la disciplina, la motivación, el valor del trabajo bien
hecho, etc.)
De
7 a 12 años, momento decisivo
Una tarea urgente para hacer de los niños personas que sepan afrontar
las dificultades, consiste en enseñarles el VALOR DEL ESFUERZO, la necesidad de
una fuerza de voluntad fuerte. Entre los 7 y los 12 años (periodo conocido como
preadolescencia) los individuos se encuentran en un momento decisivo de su
vida. Es la etapa en la que hay que comenzar a desarrollar las principales
virtudes. Es el momento de educarles en la generosidad, ayudarles a ser
trabajadores, sinceros... Y, por supuesto, es cuando se da el impulse de salida
para crear en ellos la capacidad de esfuerzo.
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